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La vicuña, el animal protegido

La primera ley de protección la dictó Simón Bolívar en 1825

Desde la llegada de los españoles a América, las poblaciones de vicuña entraron en riesgo por ser cazadas indiscriminadamente con armas de fuego.

Se estima que antes de la colonización, existían entre 2 a 3 millones de vicuñas distribuidas desde el sur de Ecuador hasta el norte de Argentina y Chile. La caza, mantenida durante siglos, generó que a mediados del siglo XX sólo quedaran unas 5.000 a 10.000 vicuñas en Perú, y menos de 2.000 repartidas entre Argentina, Chile y Bolivia.

Hoy, como consecuencia de políticas de conservación, esta población creció aunque continúa siendo una especie vulnerable. Por el momento, sólo Catamarca y Jujuy son las  provincias autorizadas para trabajar y exportar su lana.

El biólogo y director de Biodiversidad y Áreas Naturales protegidas de la Secretaría de Ambiente de Catamarca, Carlos Barrionuevo, habló con Catamarca/12

“En tiempos pasados la vicuña era utilizada por los grupos humanos originarios como recurso de subsistencia, junto a otras especies de animales y vegetales de la Puna», explicó Barrionuevo.

«Se utilizaba tanto la carne para consumo como la fibra para la confección de tejidos e hilados. Los incas realizaban una serie de prácticas económicas en torno a esta especie, entre la que se destaca el chaku, que se realizaba cada tres años y consistían en rodear amplias zonas con varias personas, a manera de un cordón humano, para luego arrear a las vicuñas hacia corrales de piedra, donde se realizaba el conteo y se seleccionaban los ejemplares que serían utilizados para consumo o esquilado. Aún existen vestigios de esta práctica ancestral en varias regiones de la provincia”, relató el biólogo.

La primera ley para proteger la especie fue dictada por Simón Bolívar en 1825. “Fue en agosto de 1969 cuando firmó el Convenio para la Protección y Conservación de la vicuña entre los gobiernos de Perú, Bolivia, Chile y Argentina. En 1971 Argentina promulga la Ley Nacional 19282, adhiriendo a los artículos del Convenio, prohibiendo la caza y derogando todas las disposiciones legales anteriores que permitían el comercio de sus lanas, pelos, pieles y manufacturas de vicuña. En 1973 se crea la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Flora y Fauna Silvestre (CITES), que estableció qué animales, vegetales y derivados se pueden vender y exportar, además de fijar las condiciones para hacerlo”, contó Barrionuevo.

Debido a sus características singulares, especialmente para darle un marco de protección coincidente con los esfuerzos multinacionales para proteger las poblaciones de vicuña, el 16 de Marzo de 1979 por decreto provincial Catamarca crea la Reserva Provincial Natural de Vida Silvestre Laguna Blanca. En 1982 pasa a integrar la red mundial de Man And Biosphere (MAB) de la UNESCO, reforzando aún más el grado de protección de esta especie icónica de la puna y sus comunidades.

La vicuña

La vicuña (del quechua wik’uña) es una especie de mamífero artiodáctilo. “Se denominan así porque sus extremidades terminan en un número de dedos pares y apoyan en el suelo por lo menos dos y, los restantes se hallan reducidos o atrofiados”, explicó el biólogo.

Estos mamíferos, junto a la llama (Lama glama), la alpaca (Vicugna pacos) y el guanaco (Lama guanicoe), forman parte del grupo de los camélidos sudamericanos, que viven en el altiplano andino, principalmente en las alturas andinas del Perú, país que posee la principal población de la especie, en el noroeste de Argentina, el oeste de Bolivia, el noreste de Chile y sectores de los Andes de Ecuador.

“En la Vicuña dos subespecies son reconocidas; la vicuña del norte o vicuña peruana (Vicugna vicugna mensalis) y la vicuña del sur (Vicugna vicugna vicugna). Tanto el Guanaco como la vicuña por el contrario a la llama y la alpaca, son las especies que no fueron domesticadas, viven en libertad, desarrollándose y sobreviviendo en su propio hábitat”, señala Barrionuevo.

Las vicuñas son exclusivamente herbívoras con estómago compartimentado en 3 cavidades y habitan la puna, entre los 3000 msnm a 5000 msnm. Es el más pequeño de los camélidos, un adulto puede pesar entre 40 y 55kgs y medir hasta 1,50 metros. Su color es marrón claro o beige oscuro en el lomo, beige claro en la zona del cuello y cabeza, pasando a un color casi blanco en la parte ventral, debajo de la cola y las patas. La vicuña del sur es un poco más grande y de color más claro que su par del norte, y a diferencia de este, no posee el característico mechón pectoral de color blanco.

“Su fibra es de las más finas del mundo, midiendo entre 12,5 a 15 micrones de diámetro. El pelaje es denso, formado por fibras delgadas que crecen muy juntas, con el objetivo de proteger al animal tanto del frío como de la lluvia y el viento”, explica el profesional.

Su organización social se basa en grupos familiares (reproductivos) compuestos por un macho, hembras y crías, y las tropas de animales solteros cuya distribución es muy variable. El número medio de animales por grupo familiar es de un macho, tres a cuatro hembras y dos crías. Los machos defienden su territorio con peleas. Las hembras alcanzan la madurez reproductiva a los 2 años, mientras que los machos lo hacen entre los 3 y 5 años. El período de gestación dura de 10 a 11 meses, y pueden quedar preñadas nuevamente a la semana de haber parido.

En Catamarca se las puede observar en Antofagasta de La Sierra, Fiambalá, norte de Santa María y norte de Belén.

Aprovechamiento

Barrionuevo cuenta que “la población de vicuñas se ha recuperado y Catamarca cuenta con una de las mayores densidades conocidas en Argentina. Tal es así que permite llevar a cabo el aprovechamiento y manejo en silvestría de esta especie con el objeto de obtener su fibra. La fibra obtenida en general es mayoritariamente utilizada para confeccionar artesanías textiles. Por las características únicas de la fibra, un poncho de vicuña, se puede cotizar actualmente por encima de de los 200 mil pesos”.

Las vicuñas catamarqueñas estuvieron en el Apéndice I del CITES hasta el año 2002 y actualmente se hallan en el Apéndice II, por lo que la comercialización de su fibra es posible a partir de el uso sostenible y controlado del recurso por parte del Estado provincia y las comunidades.

De esta manera, se vienen realizando operativos de captura y esquila de vicuñas desde el año 2003. “Las primeras esquilas se hicieron de manera experimental y progresivamente se implementaron los ajustes y adaptaciones necesarias para desarrollar una metodología adecuada y acorde a las características particulares de la zona teniendo en cuenta el bienestar animal. Actualmente se realizan muchas esquilas anuales, no solo dentro de la reserva de Laguna Blanca, también en otras partes de los departamentos Antofagasta de la Sierra y Tinogasta durante los meses de Octubre, Noviembre y Diciembre. Las esquilas comunitarias comenzaron a ser utilizadas como recurso turístico, por lo que son abiertas al público, que puede participar activamente de todo el proceso, compartiendo y admirando el trabajo mancomunado en el aprovechamiento de este valioso recurso”, destaca el biólogo.

Legal

Actualmente en Catamarca la única forma de obtención de fibra legal es por medio de las esquilas de animales vivos en silvestría, con posterior liberación. Los “permisionarios” autorizados a realizar esquilas pueden ser pueblos originarios reconocidos como comunidad, cooperativas andinas, propietarios de campos, empresas privadas, y el Estado

Las esquilas se realizan durante la época seca, donde empiezan a subir las temperaturas y se ven brotes tiernos cerca de las vegas que comienzan a descongelarse. “Esto propicia que las vicuñas se reúnan en dichos lugares para beber agua y alimentarse. No se pueden realizar antes debido a una serie de condicionantes, como por ejemplo las inclemencias climáticas, donde reinan los vientos fuertes y las temperaturas bajas. Tampoco más allá de la primera quincena de diciembre, puesto que hay preñeces muy avanzadas, lo que podría provocar abortos espontáneos y porque comienza la época de lluvias y los animales necesitan un tiempo mínimo de dos meses para recuperar algo de pelo para afrontar el descenso de temperaturas”, concluye el biólogo.

Fuente: Catamarca12

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